Este es uno de los “argumentos” más utilizados por los asegurados cuando se da algún problema durante la tramitación de un siniestro. Normalmente, cuando la resolución del caso no es el deseado.

Sin embargo, el problema no es el tamaño de la letra del contrato de seguros. El problema viene generado por dos aspectos:

  • Que no se lee con atención el contrato de seguro antes de firmarlo, y
  • Que realmente los textos son farragosos, densos y largos

Antiguamente, sí que los contratos de seguros contenían parrafadas con letras de menor tamaño que propiciaban la no lectura de todo su contenido. Hoy en día aun sucede con los contratos de servicios (telefonía, tarjetas de crédito, etc.). En la actualidad, la mayoría de los textos de las Condiciones Particulares, Especiales y Generales de las pólizas de seguros tienen un tamaño legible que permite su fácil lectura. Por tanto, ya no sirve de excusa aquel “argumento”.

El problema viene derivado de que una gran parte de los asegurados no dan la importancia que tiene el contrato de seguro, dejando su lectura para cuando ocurre el siniestro o para cuando éste no es resuelto con la rapidez o satisfacción que se esperaba. La aseguradora ha de incluir todos aquellos aspectos que son relevantes para definir en qué términos y condiciones se acuerdan entre ella y el asegurado (cobertura, exclusiones, limitaciones, capitales asegurados, etc.) y esa tarea no es fácil de resumir ni de sintetizar puesto que la casuística es muy amplia. Algo similar ocurre con los prospectos de los medicamentos farmacéuticos: en poco espacio deben caber todas las indicaciones, posología, contraindicaciones, etc. Quizás los textos sean farragosos y densos y ello aburra al asegurado. Quizás también exista cierta ambigüedad. Pero ello, lejos de considerarlo una desventaja para el asegurado debe ser interpretado como una oportunidad puesto que ello permite más de una interpretación. Si los textos pudieran cubrir todos los supuestos no cabría duda alguna y ello no permitiría poder dar segundas interpretaciones al texto y detectar lagunas que posibiliten dar la vuelta a la situación no deseada.


DEFENDER analiza la totalidad del contrato estudiando qué aspectos son más beneficiosos para sus intereses y cuáles proporcionarán una mejora de la indemnización propuesta por la aseguradora. Un consejo: Confíe en la figura del mediador profesional para que sea él quien le informe de cuál es la póliza más adecuada a sus necesidades.